miércoles, 8 de noviembre de 2017

Maratón NY por Javier Solsona

No hay duda de que hacer una maratón es una experiencia vital, si además la haces a 7.000 kilómetros de casa, junto a otros 60.000 participantes y en Nueva York, está claro que si eres un enamorado de los deportes de resistencia es uno de los grandes hitos a los que puedes aspirar.

Pero no es fácil correr la maratón de Nueva York, en absoluto. Primero cuesta una pasta (inscripción, hotel, vuelo, ….); segundo, como no te toque el dorsal en el sorteo, que es francamente difícil, aún es mucho más caro, hay que viajar con un turoperador; tercero, es dura, muy dura.

Siempre es dura una carrera de 42,2 kilómetros, pero más si el terreno es totalmente ondulado: subida, bajada, subida, bajada,.... y si a eso sumas que llegaste hace dos días a una de las ciudades con más encanto, que la has vivido en las películas y te has pasado todo ese tiempo caminando de un lugar a otro, aún es muchísimo más dura.

Pero eso no es todo. El sábado te has acostado con las piernas cansadas de tanta caminata y mañana es la maratón. Además esa noche se cambia la hora en Estados Unidos, ya sabéis, a las 3:00 las 2:00 como hacemos en España una semana antes, así que hay riesgo de quedarse dormido y no coger el bus que a las 5:15 de la mañana te ha de recoger para llevarte a la salida.

A las 6:30 ya estamos en la zona de salida, en Fort Wadsworth, en el barrio de Staten Island, un recinto militar donde habrá que esperar pacientemente  casi tres horas y media (más de 4 si sales en las oleadas posteriores) a que se dé la salida. Hace un frío que pela, hay que buscar un rincón donde no sople el viento y taparse con todo lo que puedas, pero está lleno de gente y no es fácil encontrar un buen sitio, más si la lluvia va humedeciendo el suelo.

Después de una larga espera comiendo donuts, café, geles, isotónica y otras “delicias”, llega el momento de la SALIDA. Empieza una de las grandes experiencias que se puede vivir como corredor. Tras la parafernalia tan americana del himno y el cañonazo.... a correr!

Los primeros kilómetros son alucinantes, después de la subida y posterior bajada al puente Verrazano que une Staten Island con el barrio de Brooklin te encuentras las calles repletas de gente en las aceras animando como locos, como si les fuese la vida en ello, te llevan en volandas, demasiado, muchos lo acabarán pagando, y comienza  el carrusel de grandes rectas con terreno permanentemente ondulado, con un público enfervorizado, con banderas (muchísimas de España) y carteles de ánimo.

Sacan de sus casas plátanos, naranjas, refrescos, para echar una mano, te llaman por el nombre que llevas en la camiseta, vas totalmente flipado entre la riada de corredores y corredoras que aún frescos sacan las cámaras o el móvil para plasmar el momento. Hay mucha gente corriendo, te encuentras con unos de Salamanca por las calles de Queens, de Sevilla, Extremadura, de Tarragona o de Valencia por Manhattan, una pareja de Cheste que corre a tu lado en el Bronx y grita “ese Correca”, … y todo es una pasada Hasta que los días haciendo turismo y las cuestas se te echan encima y te dejan las piernas como el corcho. Ahí te das cuenta de lo dura que es la maratón de Nueva York, pero resistes, porque sabes que eso sólo suele pasar una vez en la vida. Y llegas a Central Park, a la META, y eres un héroe.

La gente que se cruza contigo en la calle de camino al hotel te dice “Congratulations!”, “Great Job!”, y te das cuenta de que has hecho algo grande, algo que quizás en otro lugar no valoras lo suficiente.

Para acabar de saborearlo sólo te queda la mañana del lunes, antes de tomar el avión rumbo a casa, colgarte al cuello el pedazo de medalla de 10 centímetros de diámetro y 150 gramos y salir a pasear por Central Park, por la zona de meta, donde un montón de frikis como tú se pasean saboreando el triunfo en Nueva York, la mejor maratón del mundo.

martes, 10 de octubre de 2017

Northwest TriMan y Challenge Madrid 2017. Crónica de Urotraitleta(Argi)

NorthWest Triman y Challenge Madrid 2017: otra ronda de larga distancia.

Un año más finaliza la temporada,  y un año más aprovecho los exámenes de
septiembre para “recuperar nota”. Maniobra a la que no estaba acostumbrado
en mi época estudiantil, pero que desde años ha venido a equilibrar mi
temporada deportiva.

Aquellos que acostumbran a “entrenar para competir” dicen que entrenar en
verano es muy duro. Cierto, quizás debido a que en nuestra tierra acostumbra
a “hacer fresquito” y las prolongadas cenas veraniegas con sus
reglamentarias
cervezas no  ayudan mucho a levantarse prontito para entrenar.

Pero sin embargo, aquellos que gustamos de “competir para entrenar”, dicho
de otra manera, que buscamos cualquier excusa para seguir activos, en verano
somos felices. Probablemente  porque las vacaciones laborales facilitan
encontrar tiempo para entrenar. Así no es necesario llevar la mochila cargada
con todos los adminículos deportivos al trabajo con la mínima esperanza de
que un cliente anule una reunión para sacar una hora y echarse una carrerita,
o que el jefe haya salido de viaje y podamos salir antes del trabajo o la
clase de catecismo de los niños sea doble y podamos acudir a la piscina.
Sabemos de verdaderos artistas, capaces de meter unas zapatillas y muda en un
minúsculo maletín de trabajo e incluso algún “mago” que guarda la
bicicleta en la taquilla del vestuario de empresa.

Un año más me había propuesto realizar dos “largas distancias”. Y no se
trataba de “postureo” (no acostumbro y además no luzco) ni tampoco de una
promesa penitencial. Se trataba de algo más sencillo y habitual en la especie
humana, repetir aquellas cosas que nos gustan (aunque quizás sea más fácil
de entender con las “croquetas de una madre”  o con un Gin Tonic bien
preparado).

North West Triman 2017

Llevábamos mucho tiempo hablando de este prueba en las nuestras habituales
concentraciones previas a los grandes triatlones, realizadas todas de forma
semi-clandestina en una horchatería (para no levantar sospechas hacíamos el
esfuerzo de devorar multitud de “fartons” y decíamos que no entrenábamos
casi nunca y nos dolía el tobillo). Y si tenía fama de duro y bien
organizado, se cumplió con creces.

Precio muy asequible, la cual cosa agradecí después de haber despilfarrado
la inscripción al anterior Ironman Mallorca por el sutil detalle de partirme
el omoplato en una caída leve (leve porque la bicicleta no sufrió ningún
daño).

Organización estupenda. Los triatlones son como los restaurantes, si el trato
es familiar el resultado suele ser bueno. “Ventanilla única”, todo en el
mismo sitio y con aparcamiento sencillo (no había un trekking coche-T1  y
además era un parking “fijo”, porque en general siempre está más lejos
cuando acabas la competición que cuando vas por la mañana).

La natación se hacía en un lago de aguas cristalinas. Todavía recuerdo
Vichy, donde nadamos en aguas turbias y donde tenías la sensación de dirigir
un submarino, con visibilidad nula y navegación por “sonar”. De hecho, un
triatleta se comió el “juanete” del triatleta al seguía cuando este
freno bruscamente al apercibirse que se había pasado la boya y estaba en el
océano atlántico.

Eso sí, la bici, llana, lo que se dice llana, no era. Cuatro vueltas a un
circuito con una estupenda recta de 200 metros en la que ni subías ni
bajabas. Y donde se cumplía una de las máximas del ciclismo: la dureza es
directamente proporcional al número de aerogeneradores (los conocidos molinos
de viento, el “amigo del ciclista”) que rodean a la carretera. Por lo
visto, en As Pontes es el único sitio en Galicia donde están autorizados,
porque los había a cientos.

Pero si por algo va a ser recordado As Pontes, una vez más, fue por el
ambiente entre los propios compañeros. Decir que la larga distancia es
distinta suena a “tópico”, pero es la pura realidad. El desafió al
sentido común, el atractivo de completar una distancia que impone tanto
respeto y sobre todo, el reto de administrar tus energías y tus capacidades
para acabar dignamente hacen de estas pruebas de triatlón (las genuinas, no
lo olvidemos nunca) un mundo fantástico. Y este halo “místico” une de
una forma indeleble a todos los compañeros que acudimos juntos a estos
eventos.

Y dentro de todos los momentos vividos juntos, es en la carrera a pie, donde
se lucha cuerpo a cuerpo con la fatiga y el dolor de piernas,  cuando el cruce
con tus compañeros tiene un sentido especial.  Aunque en honor a la verdad,
el compañerismo siempre se entiende mejor,  cuando ves que tu compañero no
te alcanza por detrás. Y qué no decir del encuentro con tu familia, no solo
la familia original, sino también la adoptada, la de los demás
“correcas”. La Asociación Española de Nutrición ha calculado que el
beso de un hijo equivale a 20 barritas energéticas. Y yo lo viví y lo puedo
certificar.

Y entre cruces, besos y demás avatares, vas alcanzando la meta. Y lejos de
pensar en todo el esfuerzo que has realizado para llegar hasta aquí, las
privaciones y los sinsabores del entreno, debes pensar seriamente en poner
buen gesto, recuperarte y prepararte para una foto que vas a querer enseñar
durante mucho tiempo. Bromas aparte, ese último km es delicioso. Es íntimo e
indeleble, siempre estará allí y nadie te lo podrá arrebatar jamás. Y
probablemente esa sea la razón que nos lleva a repetir algo que ya hemos
demostrado que podemos hacer.

Challenge Madrid 2017

Completado con satisfacción el octavo, nos encaminábamos hacia el noveno. Y
probablemente en los triatlones largos pase como en las rebajas, siempre al
principio hay más donde elegir y suele ser de mejor calidad.

Un triatlón con 2800 metros de desnivel acumulado en bicicleta no inspiraba
mucha tranquilidad. Canencia, Morcuera y Cotos, suenan más a Vuelta a España
o la “Perico Delgado” que al segmento ciclista de un ironman.  Pero o bien
la organización se equivocó de fichero “Word” al hacer el recorrido o
bien no había ningún pantano más cerca de la capital.

Todas las facilidades logísticas de As Pontes se esfumaron de golpe en este
triatlón. Dorsal y bolsas en la Cibeles (dos días antes, lo que te obliga a
confeccionar la bolsa de avituallamiento con mucha antelación e incrementa
ostensiblemente la dureza del bocata preparado al efecto), control de material
y bicicleta a 70 km de Madrid (con atasco incluido por las ubicuas obras de
pavimentación) y lo que es más grave, viaje matutino en autobús a las 5 de
la mañana (estilo jubilado ansioso por llegar pronto a los sitios).

8.00.00 am…Salida a orillas del pantano
8.00.05 segundos…primera y única fatalidad….mi tercer dedo del pie
derecho detecta (llevaba el sonar activado) pero choca bruscamente con una
piedra madrileña, a escasos 3 metros de haber iniciado el recorrido. Se
podría decir que “no empezaba con buen pie”. La cortical del hueso
aguante el envite, pero mi dedo cambia a partir de entonces de color, de
tamaño y sensación corporal. Digamos que ya tengo algo en que pensar durante
la natación. Y porque no decirlo, durante todo el recorrido.

Salgo a por la bici, no sin antes contratar a un brigada forestal para
allanarme el camino hasta la bicicleta, dado que mi pobre dedo no está para
más sobresaltos. La inspección visual en este momento es aceptable y decido
seguir con la bici.

Durante el segmento ciclista, con todo el desnivel acumulado, tengo suficiente
distracción como para pensar en mi dedo. Pero si bien los puertos son duros,
muchísimo más es el tramo de enlace (90km) entre la sierra y la capital.
Mensaje importante…meseta madrileña no equivale a terreno llano. Todos los
toboganes de la Warner Bross y el Parque de Atracciones los habían alquilado
para el segmento bici.

Y llego a la T2. Ansioso por ver mi estado digital…y allí sigue,
vascularizado, morenito y gordito, pero con un dolor contenido que no hace
sospechar fractura clara. No obstante, en este momento me considero triatleta
y no facultativo y paso por el consultorio (aquí sin demora, menos mal)

Y con casi siete horas de bici encima y un dedo del pie que no reconozco como
propio, encaro la maratón. Si ya de base corro mal, la actitud de defensa
para proteger mi dedo me hace correr como un pato, y en dos ocasiones soy
enviado al Rio Manzanares porque me confunden con un pato que se ha escapado
del rio.

Pero aquí se viene a sufrir y a acabar la faena, y disfruto de una maratón
con gran ambiente  y plano (no como la de As Pontes).Eso sí, si los
avituallamientos del Pure226 de Marina dÓr eran “autoservicio”, aquí
eran “espartanos”.

Los geles se acaban en la primera vuelta, el agua no estuvo fría en ningún
momento y como única bebida sustitutiva, una propia de la organización, que
por decoro profesional no puedo detallar. De hecho, se recomienda en un futuro
prepararse un picnic, dada la buena calidad de los parques madrileños. Pero
nuevamente disfruto de mi familia, del cariño constante y los ánimos
reconfortantes. Y de un público madrileño que no para de animar.

Y si el último km de un ironman siempre es especial, aquí los ingredientes
son de máxima calidad. Una larga subida a la Puerta del Sol que te expone a
la mirada atónita y sorprendida de todo un público turístico que no deja de
un momento de jalearte y aplaudirte. Y como no, el encuentro deseado con tu
familia. En este triatlón, saltándose la absurda norma establecida, te
permiten entrar con las personas que más se han implicado en que llegases a
ese punto. Y rodeado de tu familia, en la mismísima Puerta del Sol, con el
sonido de los aplausos, la música y las luces giratorias y abrazados a los
tuyos, cruzas al arco de llegada, relajado como si te acabaras de levantar de
una siesta, emocionado y simplemente, eres FELIZ.

martes, 26 de enero de 2016

CRÓNICA DE LA TEMPORADA 2015


TÓCALA OTRA VEZ..SAM

Esta frase vuelve una y otra vez a mi cabeza cuando irremediablemente damos carpetazo a una temporada.

A estas alturas, pienso que ha sido un año estupendo, irrepetible, lleno de grandes momentos deportivos y de pronto, viene otro y lo supera. Por eso, finalizado 2015, pienso de nuevo  que quizás sea irrepetible.

Como no me gano la vida en ello y no tengo necesidad de alcanzar ningún pico de forma para brillar en las clasificaciones, he decidido tácitamente alargar la temporada lo máximo posible, porque cuando más tiempo dura, más tiempo disfruto.

Empezamos:

SALVEMOS LA ANTARTIDA…Y TAMBIEN BANYERES DE MARIOLA.

Si los grupos ecologistas ven perdida la batalla de salvar la Antártida, siempre pueden apostar por salvar este recodito lugar de la sierra alicantina. Aunque no hay osos polares ni petróleo, hace muchísimo más frio y es igual
de inhóspito. Cada año, algunos inconscientes, encabezados por el incombustible Yousef, apostamos por empezar aquí la temporada.

A pesar del calentón inicial de una puñetera rampa dentro del mismísimo pueblo (aquí los jubilados tienen unos “gemelacos” impresionantes), no entras en calor hasta que acabas la prueba y enciendes la calefacción del coche. Este año han descalificado a uno por salir a correr  desde la T2 con el manillar de la bici, pues se le habían pegado los dedos a las manetas del freno en estado de semi-congelación.

Pero a pesar de su dureza, conserva la esencia de este deporte, y por decirlo de alguna manera, es el “triatlón de Cuenca en versión invierno”.

DUATLON DE ORIHUELA, VIENTOS DEL PUEBLO.

Si uno lee el nombre de esta prueba, y no sabe lo que se va a encontrar, es que es rematadamente tonto. Aunque en general, suele pasar lo contrario en la versión listillo que dice “vaaaaaa….no será tanto….”……pues sí, sí que hace viento.

El equipo se amplia, y se añaden Mario y Edu, otros dos veteranos forjados en duras batallas.   Aquí, conseguir abrir la puerta del coche en el parking sin dejarte los dedos de los puñeteros portazos y sacar la bici sin que arranque solita es toda una odisea. De hecho, tres días después de la prueba, conseguí rescatar a un orihuelano que se había colado en el coche empujado por una ráfaga al abrir la puerta y que se había empotrado en el salpicadero.

Duatlón larga distancia, con 100  metros de carrera planos y todo lo demás, sube y baja, pero siempre por caminos y pistas, lo que es un alivio para las articulaciones y un segmento de bici en el que vuelve a aparecer el famoso fenómeno “vientos oscilantes incrementantes”, en el que por mucho que cambies de dirección y sentido, siempre te lo encuentras de frente y cada vez más fuerte.  El profesor Ventouri, que describió este extraño fenómeno, ha sido propuesto recientemente para el Premio Principe de Asturias.

Pese a ello, allí estuvimos los cuatro, como hombrecitos, y nos comimos la paellita calentita como señal de que cumplimos con los tiempos establecidos.

TRIATLON OLIMPICO MALLORCA

Y después de dos pruebas con climatología adversa,  no tenía más remedio que apostar por un valor seguro para conseguir competir sin tener que preocuparme de los síntomas de congelación o en no perder una oreja en una ráfaga de viento.

Prueba muy recomendable porque en esa época del año, la costa mallorquina tiene un color espectacular, el clima es bueno y los paisajes que recorres en bici son deliciosos (momentos publicitarios patrocinados por el Excelentisimo Consell Insular de Mallorca). Además, desde el último Ironman Mallorca 2015, estoy acostumbrado a competir en mi tierra rodeado de extranjeros.

Acudo flanqueado por mi excelente Directora Deportiva, papel que simultanea con el de madre. Aunque no hay que llevarse a engaño, ya que su instinto protector maternal no le impide dirigir con mano dura mi progresión deportiva. En esta prueba recibo cierto correctivo por haber perdido el grupo de bici con el que salí en la T1. Y no le sirve la excusa de que hacia menos de 12 horas que había alquilado la bici (en una tienda que distaba 500 metros del hotel de concentración) y no me había dado tiempo más que a ajustar la altura del sillín y colocar las calas. Me recuerda que mi mejor sector es el ciclista y que no ando sobrado de cualidades como para ir perdiendo grupo. Quitado este pequeño detalle, es una bendición que en un olímpico solo haya que correr diez kilómetros y el trámite carrera se solvente en poco tiempo.

DUATLON DE RONDA. LA LEGIÓN 101.

En mi modesta opinión, la mejor carrera posible. Ambiente excepcional, recorrido espectacular por la sierra de Ronda y una organización impoluta, fruto sin lugar a dudas de la disciplina militar (aquí no hay patrocinio, es la pura realidad). Cada año que acudo, me enamoro más de ella. Además, esta cuarta vez, tiene el aliciente de que acudo con mi mentor y compañero de fatigas y esto le da un tinte aún más especial.  Si la larga distancia es para hombrecitos y mujercitas, a esta prueba hay que añadirle un puntito más. Y si alguien duda de mi palabra, no dudéis en consultarlo a Mario.

Si algún otro inconsciente está tentado en acudir en un futuro, no se olvide la mochilita de agua para la carrera. Por lo visto los legionarios no tienen la sana costumbre de beber cada 3-5 km y por lo tanto, los avituallamiento distan considerablemente entre si, distancia que fisiológicamente se hace eterna si uno está corriendo por encima de los 30 grados por esos andurriales.

Ya sabeís que aquí a la llegada no te reciben los “cracks” de nuestro club con la cervecita en mano para recortarte que te han torrefactado. Aquí te espera un carnero y un rancho militar que te comes muy a gustito y a los que no pertenecemos al ámbito militar nos recuerda nuestra época de la mili.

OLIVA MEDIA DISTANCIA.
La versión media distancia de un clásico. Y que mejor manera de acudir a un clásico que flanqueado por los capos de la larga, Rafa y Yousef, flanqueados en este caso por su corte masculina, los también grandes Andrés y José Sanchís.

La gracia de que vaya Andrés es intentarle coger mucho tiempo en bici para que te adelante lo más tarde posible en la carrera a pie. Pero claro, 21 km dan para mucho y la fiesta acaba pronto. Ya lo dice mi Directora Deportiva de que debo mejorar en carrera.

VALENCIA LD

“Valencia LD, la fiesta naranja”.  Correr en casa se nota y me encanta romper la tradición de ser el único “correca” que acude a un determinado triatlón (en parte culpa mía por correr en sitios exóticos y pruebas alejadas del circuito habitual de la corta distancia).

El peculiar circuito de bici que monta la organización no es que permita el drafting, sino más bien lo que permite es la romería. Corren por allí acusaciones veladas que determinados miembros del club han peregrinado a la Ermita de Betera, en solemne procesión ciclista, ataviados con un trimono naranja, velorio en mano y guardando una escueta distancia de medio metro con el ciclista que le precedía.

El circuito pedreste no permite controlar adecuadamente la “distancia de seguridad para la torrefacción”,  y en un solo punto de giro es difícil calcular a que hombrecito de naranja te puedes torrefactar o, alternativamente, por quien vas a ser devorado en sus fauces.

Eme aquí, que mi particular torrefactor, Don Andrés, se tiene que exprimir y como dicen los clásicos, en esta ocasión “muero en la playa”, a falta de escasos 800 metros de la llegada (chavalito, ya puedes apurar que  la próxima no me trincas)

IRONMAN VICHY 2015

Y llegamos a la fiesta anual de la Larga Distancia. Y mira por tu por donde, que en el reducido grupo de la sección que nos dedicamos a este ámbito, el número de espabilados es escaso.  Tan solo Rafa, Andres y Edu, logran esquivar el suplicio y se apuntan a otras pruebas. Los demás incautos deciden seguir mi estela y se apuntan al Ironman Vichy 2015.  Quiero pedir disculpar públicamente por abocar a mis compañeros a esta prueba, verdadero calvario.

Prometo que lo hice con buena intención, natación tranquila en un canal con neopreno casi asegurado, parajes ciclistas típicos de la campiña francesa, sin puertos y a dos vueltas y una carrera similar a  Roth, con zona arbolada y recorrido agradable.  Finalmente, zona turísticamente atractiva y un precio asequible pese a ser franquicia Ironman.

Bien, pero lo que nadie nos dijo es que iba a hacer un calor y humedad espantoso, que el agua estaba más turbia que una cerveza Guinnes y que el ultimo asfaltado que se llevaron las carreteras de la zona fue previo a la
primera guerra mundial.  Y debido a esas menudencias me pase toda la carrera pensando cómo me iba a ganar el perdón de mis otros cuatro compañeros.

Para aquellos que todavía no conozcáis el verdadero ambiente “Correcaminos Travelling”, os lo recomiendo encarecidamente. Como he dicho en multitud de ocasiones, es un verdadero placer sentir el calor y los ánimos de todas nuestras familias a lo largo del recorrido. Todos sabemos que estamos siempre en deuda con ellos.

Lástima de las inclemencias del recorrido porque Yousef hubiera sido sub-10 merecidamente. Mario, sufriendo en la carrera, pero demostrándonos una vez más su reconocida y admirada capacidad de aguantar el tipo en los momentos difíciles. Miguel, haciendo gala de su progresión en esta distancia, reservo en la bici para completar una carrera dignísima y Juan, dándolo todo con coraje y sin perder la sonrisa y lamentando no haber formado equipo con un buen digestólogo que le hubiera ayudado a regular su tránsito intestinal.

A pesar de que no salga en ningún manual de triatlón, parece razonable pensar que haber regresado de un viaje express transoceánico tres días antes de un Ironman  y añadirle a eso un viaje en coche de 1000 km no era la mejor preparación  para una prueba de este tipo. Pero mira por donde, el hecho de tener dos trabajos (la medicina y el triatlón) y el maldito azar que se encapricha en poner dos actos únicos en el año durante una misma semana, me acabaron por demostrar esta premisa.

Sufrí en la última vuelta de la bici como nunca lo había hecho y lloré a gusto debido a la extenuación durante las dos primeras vueltas de la carrera. Andaba yo cavilando la posibilidad de abandono cuando en un cruce, coincido con Mario y zanja rotundamente el tema….”!chavalito, un Ironman nunca se abandona!” , ya sabeís, o “evacuación sanitaria” o arco de meta, no hay más opciones. Y estás pruebas son muy muy largas y dan para mucho. Uno puede pasar de la gloria a la miseria en 0.5 segundos, o viceversa como me paso a mí, pasar del fondo de la grieta a empezar a correr en el kilómetro 15 y acabar la prueba  con un ritmo a lo sumo, decente. A ello ayudo de forma contundente una cervecita que un alma caritativa había depositado en uno de los avituallamientos. Vive Dios que a partir de ese momento, en cada ocasión que puedo le rindo pleitesía a la mejor bebida energética que haya fabricado el hombre. De allí el nombre que me enseñaron en el duatlón del
Ronda…”el aquarius del legionario”.

Nunca olvidaré la entrada en el estadio de llegada que monta la marca Ironman. Allí, en la esquina, de fácil localización por la bandera española, aplaudiendo a rabiar, todas nuestras familias. Recibo el cariñoso y reconfortante besito de mi mujer, que antes padeció conmigo y ahora era cómplice de mi alegría y a disfrutar esos cinco escasos segundos que justifican toda una temporada.

PURE 226. MARINA DÓR, CIUDAD DE VACACIONES.
Y que mejor forma de acabar la temporada que correr el séptimo Ironman en un lugar de reconocida fama y glamour como Marina Dór. El primer y único triatlón LOW COST de la historia. Y no por el precio, sino por la ínfima calidad de sus servicios.  No le faltó de nada, empezando por una hora y cuarto de retraso en la arena, embutidos en el neopreno, deshidratándose progresivamente y con los pies helados.

Avituallamiento ciclista de “Cuarto Milenio”, dicho sea de otra manera, llegar al punto establecido pensado en dicho aprovisionamiento y darse cuenta que se ha “esfumado”. Y para aumentar la emoción, el otro punto, es a una “solo intento”, dado que solo hay un voluntario para gel y uno para bidón, con lo cual tienes que aumentar la pericia a la hora de la recogida. Eso sí, para contrarrestar, los del sector carrera, son “self-service”, tu llegas y coges lo que quieres. Son como las gasolineras, te atiendes a ti mismo.

Y para acabar de rematar la carrera, plantan una rampa del 20% que no viene a cuento. Menos mal que en la tercera vuelta me encuentro de público a Edurne Pasaban y conseguimos hacer cima en menos del tiempo previsto. Finalmente, acabamos corriendo a oscuras por una vía verde en la que parece ser nadie de la organización había previsto que es más cómodo correr viendo al de delante que ir empujándose como en los cochecitos de choque.

Menos mal que previniendo la situación acudí de nuevo con mi Directora Deportiva. Espero que como madre me sepa perdonar el haberle hecho dormir en un hotel de esas características, en la que tuvo que compartir cena buffet con más gente que la que vive en Mallorca y amenizando las estupendas croquetas de colegio mayor con unos mariachis que a buen seguro merecían algún castigo por su mala calidad. Pero bien esta lo que bien acaba, y así conseguí poner otra muesca más en mi inseparable gorra que me ha acompañado desde la primera larga.

EPILOGO
Sirvan estas líneas de sentido reconocimiento a todos mis compañeros de fatigas en estas lides. Gracias a ellos, cada día aprendo un poco y sobre todo, soy más feliz. Y por supuestísimo, a mi familia, la mía strictu sensu y la que forman todos aquellos que nos acompañan a cada competición.

El año que viene, más y mejor.
Argi

miércoles, 1 de octubre de 2014

FOTOS MARCHA DEL COCODRILO 2014

El pasado sábado 27 de septiembre celebramos la "Marcha del Cocodrilo" para cerrar la temporada con un entrenamiento y almuerzo de fraternidad. La salida estuvo muy mermada por la lluvia previa que dejó a muchos Correcas en casa, pero finalmente lució el sol y los 15 valientes que nos animamos nos dimos cita en el restaurante Blayet para hacernos la foto de rigor.

Nos dirigimos hacia Cullera y, en el faro, Javier Solsona se hizo con el "esprint" especial del día, por delante de Julián. Continuamos hacia Barx capitaneados por Marcial. en Simat de Valldigna reagrupamiento para dar inicio a la cronoescalada del puerto.

Esta vez fue Julián quien coronó primero por delante de Javier Solsona y de Juancho. En el mirador del puerto otra foto obligada:
Ya de regreso tuvimos dos percances que nos retrasaron un poco: la caída de José Luís Mullor bajando el puerto y un radio roto en la bici de Paco. El almuerzo se hacía de rogar pero por fin llegó, en la Cooperativa del Mareny de Sant Llorenç.
En definitiva, una mañana muy agradable en compañía de buenos compañeros. Que se repita.






viernes, 19 de septiembre de 2014

MARCHA DEL COCODRILO 2014


Nueva edición de la clásica marcha ciclista conocida por todos nosotros como la Marcha del Cocodrilo. Mantenemos la fecha establecida el año pasado, el último sábado de septiembre, que este año será el próximo sábado 27, como colofón de la temporada.

Se trata de una marcha abierta, no competitiva, que suele ser masiva y donde lo importante es el compañerismo. Almorzaremos y podremos contarnos las batallitas de este verano e ir compartiendo las ilusiones de la nueva temporada. La novedad de este año es que el almuerzo será casi al final de la etapa y la ruta es de 100 km con un puerto de montaña: Perellonet-Barx-Perellonet

El horario y ruta son los siguientes: (se puede consultar y descargar la ruta en: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7824849)

A las 8:00 salida desde el restaurante El Blayet (Av. de las Gaviotas 17, Perellonet) después de la tradicional foto de equipo. Es obligada vestimenta del club de rigurosa etiqueta.
Marcha neutralizada hacia el Faro de Cullera donde está situada la meta volante. Salimos de Cullera por la CV-605 rumbo a Tavernes de Valldigna y posteriormente a Simat de Valldigna. En Simat nos reagrupamos para comenzar la cronoescalada del puerto de Barx. Al coronar el puerto no paramos ni seguimos hacia Barx, sino que enseguida hay un desvío hacia la izquierda, hacia la partida de Les Foies. Continuamos tres kilómetros más ascendiendo hasta llegar a la urbanización donde buscamos la Font Nova. Allí paramos y esperamos a los demás. Vuelta por el mismo sitio.
Almuerzo en el Bar Cooperativa del Mareny de Sant Llorenç, en el km 90. 

Aquí os dejo un detalle de la subida al puerto:

 


martes, 22 de julio de 2014

VITORIA BIEN VALE UNA CRÓNICA



VITORIA BIEN VALE UNA CRÓNICA


Parafraseando a Enrique IV, al que se le atribuye la famosa frase de 
“París, bien vale una misa”, creo que la expedición “correca” a la
 capital alavesa “bien vale una crónica”.
Quizás un buen momento para sentarse a escribir una crónica sean las 24-48
horas posteriores al evento, cuando nuestra “movilidad reducida” nos 
invita a aferrarnos a una silla, sopesando la utilidad del nuestro movimiento 
frente al dolor intenso que de cualquier mínima maniobra física. De hecho, 
se habla de triatletas que han sido sondados para evitar el esfuerzo titánico 
que supone acercarse al WC, bajarse los pantalones y demás menesteres, 
triatletas que restringen las comidas a una al día para evitar los escalones 
de la cocina o la admiración inusual del jefe de turno cuando el recién 
finisher permanece inalterable en su mesa de trabajo durante todo el turno sin 
levantarse ni una sola vez para el recado más nimio. No obstante, las
 sensaciones, como el buen vino, necesitan cierto reposo.


EL HUEVO O LA GALLINA
No se sabe quién fue antes, si el Triatlón de Vitoria o JA Lacomba. Lo 
cierto es que ambos se enzarzaron hace meses en una carrera sin fin en el que
 cada día que pasaba se sumaba un “correca” a la lista de convocados. El
grupo crecía y crecía, hubo que cambiar de móvil porque no cabían más 
contactos en el wuasaps, se construyeron nuevos hoteles, se mejoró la 
autovía Valencia-Vitoria y se estableció personal de guardia en
Nazaret/rotonda de Mascamarena para “guardar la ausencia”. Al final, el
 otrora inventor de la “Conga” consiguió reunir una expedición más
 numerosa que la del hogar de jubilado de mi barrio cuando regaló hace años 
un viaje a Benidorm “all included”.

COMUNIÓN A LAS 14.30H
De hecho, el mito se engrandeció aún más cuando logró aunar a todo el
 grupo en una histórica comida de comunión el día previo al evento
 deportivo. “Organizator” convirtió un escuálido café de galería 
comercial en un inmenso comedor en el que corrían los platos de pasta, las
 obligadas cervezas pre-competición y corrían y corrían las nuevas 
generaciones correcas, benjamines inquietos pero educados que al día 
siguiente derrocharon aún más energía en animarnos a todos. Como no podía 
ser de otra forma, los “plato estrella” fueron los tiempos de paso, la
 cantidad de geles que se podían ingerir antes de llegar al fracaso 
multiorgánico (por toma de sustancias altamente artificiales) y por supuesto, 
como no, quien se iba a calzar a quien.

LA EQUIPACIÓN DE MILEY CYRUS
Tema estrella de la comida: el nuevo maillot. Pese a que el nerviosismo 
pre-competición podía distorsionar las primeras impresiones, los malos
 augurios se cumplieron 24 horas más tarde. La Editorial Doyma, dueña del
prestigioso “Manual de Dermatología” acaba de lanzar la primera edición
 de “Rozaduras del triatleta; localización, tratamiento y profilaxis”
 donde expone una valiosa ayuda para combatir la aparición de tan molestas 
“erosiones”. Aunque sin duda, lo más llamativo de la nueva prenda es que 
haya pasado a formar parte del atuendo habitual de la famosa cantante, más 
conocida por su ligereza al vestir que por su voz. Y es que no hay tejido con
 más capacidad de “transparencia” que el del nuevo equipaje. Ha pasado ya
 una semana y no me puedo quitar de encima la imagen de las nalgas de uno de 
mis compañeros cuando lo adelante en el sector ciclismo.

Y LLEGO EL GRAN DIA
Me gustaría poder escribir sobre la dureza de los entrenamientos, de la 
dificultad de completar el plan propuesto y de la satisfacción de llegar a 
este día con los “deberes hechos”. Pero una vez más, debía asumir otra 
vez mi papel de popular, más bien “triatleta extremadamente popular” y 
tocaba tirar de experiencia, fondo de armario y escroto (aunque eso lo hacemos 
todos) en vez de kilómetros y kilómetros de bici y carrera. Pero pegarse el
madrugón, ver la cara de felicidad de mi compañero de habitación 
(privilegio alcanzado el suyo tras superar diversos castings, prueba de 
selección e informes detallados) y compartir un copioso desayuno con el resto 
de eufóricos y también felices compañeros, superó con creces los miedos e 
indecisiones.
En el autobús de camino a la salida, uno de los noveles participantes atiende 
estupefacto al diseño del plan de ataque del “dúo calavera” (a la
sazón, Salva y servidor). La misión estaba clara, salir del agua sin
 ahogarse, coger la bici y apretar sin fin hasta “torrefactar” al
 mismísimo Lacomba. Nunca una palabra tan absurda y sin sentido dio tanto 
juego. Primero porque ambos salimos juntos del agua, a la par, como si el
 hecho de haber pernoctado juntos (pero no revueltos) nos hubiera sincronizado:
 Segundo, por el absurdo detalle de que e sa salida conjunta la hicimos antes
 que nuestro objetivo y por lo tanto, nuestro absurdo plan quedó descabezado
ya de inició. Más de un triatleta aturdido tras la T1 recuerda haber sido 
superado por dos inconscientes al grito de “torrefacción, 
torrefacción”…en fin, la maldita hipoxia.

BAZAR CICLISTA

En general acudimos perfectamente equipados a estos eventos. No obstante, si
 alguien acude a Vitoria y se olvida algo, que no se preocupe. Algunos 
kilómetros de socavones llenan la carretera de bidones, bombonas de aire, 
cámaras, etc. Así, si uno no tiene prisa, se equipa perfectamente. Veinte 
horas tardaron los equipos de rescate en sacar de un bache a un pobre 
triatleta que comiéndose una barrita se despistó y se hundió 20 metros en
 uno de ellos.

SEGUNDA TRANSICIÓN
Probablemente las cabras, por el mínimo detalle de andar a cuatro patas todo 
el día, tienen su columna vertebral acostumbrada a la posición horizontal. 
Los triatletas, en general andamos erguidos y por lo tanto, tras más de cinco 
horas cruelmente inclinados sobre un escueto acople haciendo “la cabra”, 
tenemos unas ganas inmensas de dejar la bicicleta, reincorporarnos y empezar a
correr. Y fue en ese dulce momento, cuando a lo lejos oí claramente mi
 nombre. Lógicamente nunca hay sospechas de que se puedan referir a otro
 competidor, si se oye mi nombre, soy yo. Hago acopio de fuerzas, fijo la 
mirada en la lejanía y una marea verde totalmente entregada corea mi nombre,
 con tanta fuerza que nadie diría que se han pasado cinco horas haciendo un
“half”. El resto os lo podéis imaginar, salgo de la T2 cual res en la 
cuesta de Santo Domingo (7 de julio, Pamplona) y con un subidón de moral que 
nunca olvidaré empiezo a correr (gracias de nuevo compañeros).


SABOREANDO VITORIA
Una ciudad con encanto dice el folleto.
Pasado el efecto balsámico de la primera animación, me doy cuenta que este
año olvide que nuestro deporte se llama triatlón porque aúna tres deportes,
el último de los cuales es correr. “Vaya despiste Argi”….pensé,
“bueno, no te preocupes……total, corres 42 kilómetros y se acaba
todo”….”es verdad, pues corriendo que es gerundio”…Y eso hice,
pensado que alguna vez sería bueno que cumpliera un plan de entrenamiento,
capaz de balancear con éxito las tres disciplinas. Pero bueno, metido en
faena, había que salvar los muebles y administrar las fuerzas. Aunque como
en los viajes, si vas despacio saboreas mejor las cosas. Así, saboree una
ciudad señorial, con unos parques preciosos y una gente que vive el deporte
como en ningún sitio.


Pero sin duda, si algo saboree fue cada paso por delante de nuestra AFICIÓN. 
No por muy repetido perderá su importancia. Solo los que participamos podemos
 comprender lo reconfortante que es sentir el apoyo de toda la expedición 
“correca”. En un alarde de material, disponíamos de pancarta y megáfono, 
y la disposición estratégica a lo largo del recorrido hacia que sintieras 
ese apoyo durante mucho tiempo. Es más, tal fue su organización, que habían
 dejado sin cobertura un apartado sector del circuito, lo que te permitía
 andar tranquilamente sin el sofoco de sentirse observado.


Dice nuestro maestro y máximo veterano que el IM empieza en el km 20 y es
 verdad. La tercera vuelta es crítica y desnuda vilmente todas tus carencias. 
Aquí es donde hay que darlo todo y aguantar. No solo lo sé, sino que me lo
 recuerda el gran José Sanchís cuando me rebasa….”esto es muy duro tío,
 muy duro”.

Pero bueno, “no hay mal que dure cien años” y toda la pena purgada tiene 
su recompensa en la última vuelta. Tal como si te hubieran enchufado un
 gotero con cincuenta “nolotiles”, el dolor desaparece y te permite
 disfrutar de una última vuelta mágica. El último paso por la Plaza,
 completamente abarrotada de gente que te corea sin cesar es indescriptible. Ni
 el mismísimo Fernando Alonso traza mejor la última curva (repleto de
 correcas enarbolando la ubicua pancarta). Aunque dicho sea de paso, en este 
último momento se precisa algo de frialdad para no salir con “cara de Mr.
Bean” en una foto que luego obligatoriamente tendrás que enseñar a mucha
 gente.

El resto es fácil de extrapolar. Mezcla indisoluble entre cansancio y
 alegría. Una sobredosis de geles te impide comer como es debido y una
 sobredosis de sudor te impide acercarte a nadie con quien compartir un abrazo
 (a menos que este también lleve dorsal y por lo tanto, este inmunizado). 

Aunque una vez repuesto, recoges tu “fusil” y de nuevo al frente. Queda 
uno por llegar y merece nuestro apoyo, y el gran Quique completa el recorrido
como un verdadero campeón. Solo así, con la “íntima satisfacción del
 deber cumplido”, te enfrentas con tranquilidad al duro trance de doblar la 
rodilla, meterte en la bañera del hotel y deshacerte de las algas del
pantano, el azúcar de los geles, la vaselina y la abundante crema solar y la 
coca cola que se desparramó en el último avituallamiento. Solo entonces, 
re-quemado y exhausto pero limpito, empiezas a saborear el éxito de haber 
finalizado una prueba que una vez completada, te otorga la confianza vitalicia 
de que cualquier cosa que te propongas (seguramente mucho más importante que
 un IM) eres capaz de hacerlo, siempre que hayas volcado en ello todo tu
 esfuerzo.

Nuevamente, muchas gracias a TODOS por esos preciosos momentos.
Argi